ENFERMERO RECUERDA INCENDIO EN HOSPITAL SAN BORJA: “TODOS TUVIMOS MIEDO, PERO LO SUPIMOS MANEJAR”

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Diego Hidalgo (31) nació en Valparaíso, pero siendo muy pequeño, se fue a vivir a Iquique junto a su familia, ciudad que siente como su hogar. Estudió enfermería en la Universidad Arturo Prat y hace siete años se trasladó a Santiago, donde  comenzó a ejercer profesionalmente.

El sábado 30 de enero recién pasado se encontraba en turno saliente, cuando se dio la alarma de incendio en el Hospital San Borja Arriarán, lugar donde trabaja. “En un principio evaluamos el riesgo de propagación del amago, que comenzó sin afectar el edificio-hospital, ya que estaba concentrado en el Centro de Diagnóstico y Tratamiento (CDT). Sin embargo, al poco tiempo de iniciada la emergencia, el humo y el calor afectaron al sector de hombres, por lo que decidí sacar de forma preventiva a los pacientes de las primeras salas, un ala entera. Ya con el peligro de propagación y con la autorización del Jefe del Hospital, se inició la evacuación de todos los pacientes”, recuerda.

Desde sus tiempos de estudiante universitario, Diego fue bombero, una labor que desarrolló activamente hasta el 2018, cuando nació su hija Josefa. “Desde niño me interesó ese mundo. Me llamaba la atención cómo las bombas avanzaban rápidamente por las calles, pasando entre los autos con sirenas y balizas hacia la emergencia. Con la llegada de mi hija, quise concentrarme en mi rol de papá”, cuenta.

¿Cómo fueron los primeros momentos de la emergencia?

Los pacientes estaban con miedo, pero al ver la coordinación y el trabajo del equipo de salud, mantuvieron la calma y en su mayoría cooperaron con la evacuación.  En el sexto piso se evacuaron alrededor de 80 pacientes. Yo me sentía tranquilo, sabía, por mi experiencia, el tiempo que teníamos para evacuar; los riesgos a los que nos enfrentábamos, y sobre todo conocía la planta física del hospital, por lo que podía tomar decisiones acertadas. Así pude guiar con mucha confianza al grupo de compañeros que estaba de turno: enfermeros, médicos, TENS, auxiliares, kinesiólogos y guardias. Claro está, que sin bomberos, la evacuación hubiera sido muy compleja, ellos igual fueron vitales.

¿Qué sentiste al ver tu lugar de trabajo incendiándose?                    

Cuando logramos bajar el último paciente, nos miramos con los compañeros que quedaban en el piso y sentimos alegría y satisfacción, por todo lo logrado y por todo lo vivido. Bomberos, tanto de Santiago como de Ñuñoa, se pusieron a disposición de todos los funcionarios, y junto con ellos, en completa coordinación, se logró la exitosa evacuación de los 350 pacientes. Se adaptaron a todas las condiciones y estados de ellos, incluso trasladaron a los afectados de Covid-19, una de ellas embarazada. Todos tuvimos miedo, pero lo supimos manejar.

¿Lloraste?

Al principio no hubo sentimientos de pena. Había harto trabajo que hacer y muchos de mis compañeros, que no estaban en turno, ayudaron. Con el paso de los días fueron naciendo los sentimientos de pena y tristeza, cuando vimos todo lo  que se había destruido. Una semana después se inició el plan de vacunación del hospital, todo el servicio se reunió a la espera de la inoculación y pudimos ver en que quedó nuestra segunda casa. Habían muchas caras de asombro y de pena, pero me sentí orgulloso por lo realizado.