MAGALY MIRANDA, PRESIDENTA DE FENASENF: “LA FORMACIÓN GREMIAL DEBERÍA SER PARTE DE LA PROFESIÓN”

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Magaly Miranda Ávila (47), la actual Presidenta de FENASENF -en su tercer período-, nunca pensó que su oficio, derivaría en el área gremial. Estudió Enfermería en la Universidad de Concepción, donde terminó sus estudios en 1997, y comenzó  su carrera en el Hospital Naval de Talcahuano.

Al año siguiente ingresó al Servicio Clínico Medicina Interna de la capital penquista, hasta que ocurrió el terremoto del 27 de febrero de 2010, y su vida dio un vuelco. “Después de esa catástrofe, un  grupo de colegas muy jóvenes, de quienes fui docente y guía, me invitó a ser parte de una organización que se iba a crear para representar a las enfermeras. Ahí nació FENASENF y mi vocación de dirigente gremial”.

Vino un cambio radical. Dejó Concepción, lo que coincidió con la separación de su marido, y se trasladó a vivir a Los Andes, junto a sus tres hijos (Valentina, Oscar, e Isabel. Hoy de 16, 15 y 11 años, respectivamente), para dedicarse a su labor dirigencial, cuyo centro operativo está en Santiago.

 

Haciendo un repaso de estos años como dirigente gremial ¿Qué reflexión hace?

Han sido años de sacrificio, de convicción.  Optar por este camino, significó entrar a estudiar y a involucrarme con otros profesionales que vienen de otras áreas, más administrativas, jurídicas, de otros gremios o parlamentarias, por ejemplo. En este trabajo tienes que aprender a negociar, a desarrollar procesos largos, algo muy distinto a lo que se hace en la enfermería clínica, dónde todo es inmediato, se trabaja para sanar con una consecuencia que ves al momento. Tuve que adquirir competencias que no tenía, como ser vocera y relacionarme como tal, con distintas personas y/o audiencias. Aprendí que lo esencial es entregar tu mensaje a otro de manera efectiva, aún cuando ese otro piense de manera distinta.

 

¿Vislumbró este camino?

Jamás. De hecho cuando trabajaba en atención de salud, pensaba en cómo otras colegas que se dedicaban a lo gremial, perjudicaban al equipo porque no siempre estaban en sus puestos de trabajo.  En ese tiempo trabajaba en el Servicio Clínico de Medicina Interna, donde había sobrecarga de trabajo, y si faltaba una persona, era una complicación, porque ese turno no era reemplazado. Compartía labor con una dirigente de una asociación gremial de Concepción, a quien respetaba mucho, pero cubrir los turnos, para mi era un dolor de cabeza. Todo se complicaba y se volvía más lento. Ahora veo lo ingrata que es la  labor gremial. A mi me han dicho: “ah, es que tú ya no trabajas”. Ahí respondo que lo sigo haciendo, sólo que en otra área, que ha significado nuevos estudios y desarrollo de nuevas habilidades. Nuestro trabajo parte muy temprano y termina muy tarde, y estamos todo el día conectados, ocupados de todos los temas que nos competen. Aunque el trabajo gremial puede ser ingrato, hay algo que nos gusta a quienes hemos tomado este camino: tener la convicción que, mediante el diálogo, se pueden lograr muchas cosas, como las leyes que hoy existen, gracias a FENASENF.

 

Magaly hoy vive en Limache, y se levanta de lunes a viernes a las 4.30 am, para salir a tomar el bus que la traslada a Santiago a las 5.30 am. Son más de dos horas de viaje, para llegar a su puesto de trabajo en FENASENF.

 

¿Por qué decide ser dirigente gremial?

Tuve una rebeldía frente al sistema.  Comencé a trabajar el 97, y en ese tiempo se estaba instalando la Ley que implicaba nuestros ámbitos de competencia en el artículo 113 del Código Sanitario, donde se otorgaba el reconocimiento al rol social de la Enfermería. Me encontré con un sistema que no se ajustaba a ella, y que tampoco nos daba las herramientas para desarrollarnos como profesionales ni poder hacernos cargo, efectivamente, de la salud de las personas. El 2010, tras el terremoto del 27F, pudimos palpar todas esa iniquidad y falta de voluntad política para resolver los problemas de salud. Durante años, las enfermeras entregamos nuestra representatividad a otros profesionales de salud y eso nos invisibilizó, aun cuando la Ley nos entrega todo el respaldo para poder ejercer nuestro trabajo. La ley no se respeta. Asimismo, recuerdo especialmente, que teníamos 40 pacientes, y como equipo, no dábamos abasto para atender toda esa demanda. Sufría. La cantidad de enfermeras y enfermeros no es suficiente para atender dignamente a los pacientes. El gremialismo apareció, como una vía para mejorar eso.

 

¿Qué ha sido lo más difícil?

Creo que lo que más nos ha costado como organización, es la falta de conocimientos en el ámbito político. Por ello nos hemos ido asesorando con las personas que los manejan. Nos falta un montón, pero seguimos estudiando y capacitándonos.

 

¿Cree que su condición de mujer ha impactado en su liderazgo gremial?

Creo que las mujeres tenemos una forma especial de comunicarnos, de liderar. Tenemos una sensibilidad, que nos permite ver la realidad desde un abanico muy transversal, donde la empatía, tiene un lugar muy importante, para ver el todo y al otro, en profundidad.

 

¿Ha sentido discriminación por ser mujer?

Nunca. Me he desenvuelto en un mundo mayoritariamente masculino y sin dificultades. He sido simplemente yo, reconociendo mis carencias y poniendo mis ganas de trabajar.

 

¿Ha llorado?

Sí… (hace un pausa y se emociona). El cuestionamiento interno, la falta de voluntad de dialogar, son de las cosas que me dan más impotencia. El egoísmo en el área gremial es otra de sus caras, y me cuesta entenderlo. El que muchas veces no se vea que ante todo, somos seres humanos, y podemos razonar, conversar sin agresiones, me llena de pena.

 

¿Cómo lo hace para no decaer?

Disocio lo que son las acciones en lo laboral, de las personales.  No engancho.  Hoy se busca que todos piensen igual que el otro, que exista “una” realidad o verdad, y eso es un error fatal.  Lo importante es entender y respetar que otro ser humano piensa distinto a ti. Eso no lo hace tu enemigo.

 

¿Hay costos personales?

Sí.

 

¿Cuáles?

Mi maternidad y el cuidado de mis hijos. El costo ha sido para ellos. Yo elegí ser enfermera y dedicarme al gremialismo, con toda la demanda de tiempo que exige. Y en esas decisiones los he arrastrado, perdiendo a veces la posibilidad de estar más presente en sus vidas. Mi mamá también trabajó en salud (técnico paramédico) y también viví eso, el que muchas veces no estaba. Eso para un niño es difícil de entender y asumir. Creo que es necesario realizar cambios en el sistema de horarios y es parte de mis ocupaciones. El trabajar en salud no tiene por qué implicar que haya una merma en la calidad de vida personal.

 

¿Sus hijos le han reclamado algo?

Sí, muchas veces.

 

¿Hay algo, en especial, que se cuestione?

(Piensa y se emociona nuevamente).  Sí, hasta hoy me cuestiono si el accidente que tuvo mi hija menor se habría evitado si yo hubiese estado con ella y no trabajando. Parte de esa sanación, fue decidir trasladarnos a Limache, que es el centro de la antroposofía, la cual estudio desde octubre del año pasado. Logré encontrar un cupo para mis hijos en un colegio de pedagogía Waldorf, para darles herramientas distintas, que la educación tradicional no da.

 

En abril de este año, Magaly, junto a otras 14 enfermeras, comenzaron a formarse en enfermería antroposófica, un espacio único de formación que existe hoy para ellas. Son las primeras. “A través de FENASENF conocí a colegas que se dedicaban a la antroposofía, un área que me apasionó.  Es un medio que nos permite conocer cuál es nuestro objetivo en esta vida. Yo, estoy entendiendo, que el mío va más allá de mis intereses personales, el ser un eslabón para ayudar a otros y otras, a través del conocimiento, con toda la humildad y herramientas que he podido obtener”, detalla.

 

EL RELEVO

 

¿Cómo ve a las nuevas generaciones?

Están comenzando a interesarse en el tema.  Son más empoderadas de sus derechos y no están dispuestas a transar en poder ejercerlos ni que sigan las injusticias. Su presencia se está notando en nuestra directiva y pienso que es lo que debe ser.  Creo que tiene que haber un relevo progresivo, en que los que tengamos más experiencia podamos seguir preparando a nuevos dirigentes. Yo me siento responsable de poder traspasar las herramientas que he adquirido a los estudiantes, trato de estar disponible para lo que quieran saber o necesiten.

 

¿Qué cualidades debe tener un líder gremialista?

Primero que todo, creo que la formación gremial debería ser parte del pregrado de la carrera. Todas las enfermeras y enfermeros deberían ejercerla, en algún momento, porque les va a dar una mirada distinta en cuanto al manejo del equipo de salud, a la integración y valoración de quienes son sus compañeros de trabajo y el marco legal que nos regula. Eso permitirá, que seamos verdaderos garantes de nuestros pacientes.

Un buen dirigente tiene que ser un buen negociador, alguien que esté dispuesto y dispuesta a escuchar. El mejor dirigente no es el que habla. Si no que el que representa a las personas que lo han votado y también es capaz de incluir, a quienes no lo hicieron. Asimismo, debe capacitarse, estudiar, para incorporar conocimientos y habilidades que atañen a su rol. Y claramente ¡tener ganas para todo lo que se viene! (risas)

 

Como dirigente ¿Cómo le gustaría ser recordada?

Que tuve un compromiso real, no sólo un discurso. Ejercer la profesión enfermera, ha sido un regalo a mi alma. Habitualmente he escuchado que las enfermeras somos ángeles para quienes atendemos, pero la verdad, quien recibe, somos nosotras. Agradezco la confianza y la posibilidad de haber servido y atendido a mis pacientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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