MARINA SOTO: “LA ENFERMERA Y ENFERMERO NO DEBE OLVIDAR SU ROL COMO ACTOR SOCIAL”

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Marina del Rosario Soto Ibáñez (64) nació en Santiago, cursó sus estudios secundarios en Chillán y estudió enfermería en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Comenzó a trabajar en la Unidad Coronaria del Hospital del Salvador en 1977. Era una de las 8 posibilidades de trabajo que había en el Ministerio de Salud (MINSAL) en todo el país, porque era un tiempo de crisis laboral, cuenta Marina. “Tenía 23 años, era bastante niña y al principio me dio bastante susto. Asumí la responsabilidad de los turnos. El equipo contaba con una enfermera a cargo de 6 pacientes. Fue bien duro, porque no tenía mucha experiencia, pero con el tiempo, estudiando y ganando práctica, fui aprendiendo de todo lo que necesitaba para ejercer. Como,por ejemplo, el manejo de máquinas”, recuerda.

Allí trabajó hasta que se fue a vivir a Antofagasta, porque a su marido lo trasladaron a esa ciudad a devolver una beca de estudio. En ese tiempo trabajó como profesora en la Universidad de Antofagasta, hasta que en 1986 volvió a vivir a Santiago, tras separarse. Del matrimonio nació una hija, que hoy tiene 38 años y es ingeniera agrónoma de profesión.

La crisis laboral seguía en ese tiempo y faltaban cargos para enfermeras, por lo que al regresar a la capital, consiguió el cargo de gerenta de un centro médico en Isapre Cruz Blanca. Ahí trabajó 10 años.

 ¿Le gustó ejercer un cargo administrativo?

Sí, hacía todas las labores de administración y gestión, con especialistas y aplicando todas las actividades que se hacen en medicina preventiva. Pude conocer todo ese ámbito de desarrollo de la enfermería.

Retomó la labor clínica en 1996, al entrar a trabajar en el Programa de Enfermedades Obstructivas en el Hospital del Tórax. Ahí se formó como Monitora para Terapias en el Control de Tabaquismo. Luego se trasladó a la Subsecretaría de Salud Pública del MINSAL, donde estuvo cerca de 10 años.

El 2012 se incorporó al Hospital San Borja, al Centro de Diagnóstico y Tratamiento en el Policlínico de Neurología (CDT), donde trabajó en clínica durante 4 años con pacientes con esclerosis múltiple y problemas neurológicos. Hoy cuenta dos años dedicada 100% al trabajo gremial.

Ha trabajado en varias áreas que derivan de su profesión ¿Alguna le ha gustado más?

Lo que más me ha gustado es trabajar en políticas públicas. Trabajando en MINSAL, pude conocer cómo se gestaban las políticas públicas y cómo se tomaban las decisiones a nivel superior y de Ministerio, cómo se manejaban las platas.

¿Cuáles eran sus funciones allí?

Éramos asesores, reuníamos información y la aportábamos para la toma de decisiones basadas en evidencia.

Ingresó a la ASENF del Hospital San Borja Arriarán en 2017 y con el cargo de presidenta. Y desde el año pasado es Directora Nacional de FENASENF.

¿Fue un proceso natural tomar ese camino?

Sí. Ver las condiciones en que trabajaban las enfermeras, cómo se tomaban las decisiones a nivel central, ver la poca consideración al rol de enfermera, el cual es muy importante, fue un llamado de atención.

 A su juicio ¿Cuáles son las principales falencias que existen, que impiden que la enfermera pueda desarrollarse plenamente en el área clínica, así como aportar en la toma de las decisiones de salud pública?

El no reconocer las capacidades de las enfermeras, la preparación y la experiencia en la gestión, administración, supervisión. No son escuchadas nuestras propuestas.Pienso que también ha influido un efecto de la mirada machista de nuestra sociedad. Enfermería es una profesión eminentemente femenina. Y valorar lo que la mujer es y hace, se relaciona con lo que la enfermera hace. Los médicos que se arrogan y utilizan los puestos de poder, son los que desvalorizan y no aprecian nuestro rol.

 ¿Y qué lugar ocupa en este escenario la profesión de matronería?

Creo que enfermeras y matronas tienen sus roles bien definidos legalmente, y esto de ubicarlas en espacios donde se topan sus competencias, se ha dado por circunstancias históricas, como la falta de enfermeras o de matronas. Creo que hay una idea de mantener un conflicto para debilitar los roles de ambas.

¿Qué le diría a las nuevas generaciones, para lograr que se reconozca y valide el rol de la enfermería, como la ley lo establece?

Que participen, que vayan más allá del propio quehacer profesional, que se desarrollen como ciudadanas y ciudadanos, que sean actores sociales reales. Eso nos permitirá empoderarnos. Porque mientras la enfermera o enfermero crea que haciendo procedimientos y actividades dentro de la clínica, se lograrán cambios, no los habrá. Cuando nos convirtamos en un gestor, planificador, en un dirigente, actor político, un docente empoderado, ahí comenzará a apreciarse la enfermería. La enfermera y enfermero no debe olvidar su rol como actor social, más allá de sus competencias que puede desarrollar en la clínica.

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