RUMEO DEL DÍA INTERNACIONAL DE CONCIENCIACIÓN SOBRE LA PÉRDIDA Y EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS

Opinión

Por Catherine Poblete Uribe, Directora ejecutiva encargada de comunicaciones de FENASENF, Integrante del depto de SMAS FENASENF, Consejera MA RM, CLP HBLT-SSMS

En un mundo donde a diario vemos cómo mueren niñas, niños y adolescentes (como sucede en Palestina), vale la pena sentarnos un momento a pensar: ¿cómo queremos habitar nuestro planeta? ¿Cómo actúo para ser parte del cambio? Hoy, en la conmemoración del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, te invito a detenerte y reflexionar sobre un problema silencioso pero de enormes consecuencias: el destino de los alimentos que producimos, consumimos y, sobre todo, los que no consumimos.

Resulta doloroso constatar que cerca de un tercio de los alimentos producidos se pierde o se desperdicia. Esta paradoja no solo refleja una injusticia social, sino también una grave amenaza para el planeta. Cuando botamos alimentos, no solo desaprovechamos recursos, también aumentamos las emisiones de gases de efecto invernadero, degradamos suelos, contaminamos aguas y comprometemos la biodiversidad.

Desde la perspectiva de la salud planetaria, el desperdicio alimentario es un problema de salud pública y ambiental, porque nos recuerda que el bienestar humano depende de la estabilidad de los sistemas naturales. Cada alimento que llega a la basura implica un costo acumulado: agua malgastada, energía perdida, transporte contaminante y una huella ecológica que se intensifica con la crisis climática.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en línea con los Objetivos Verdes y la Agenda 2030, sostiene que reducir el desperdicio de alimentos es esencial para construir sistemas sostenibles de producción y consumo. Al hacerlo, no solo protegemos el medioambiente, también generamos un círculo virtuoso en la salud de las comunidades, fortaleciendo la seguridad alimentaria, la nutrición y la equidad social.

Esta fecha nos invita a repensar nuestras acciones cotidianas: ¿qué hacemos con los alimentos que sobran? ¿Estamos atentos a quienes más lo necesitan? En un contexto de profundas desigualdades, la solidaridad es clave. Donar, redistribuir, compartir y consumir responsablemente se convierten en actos de justicia y humanidad.

El desperdicio de alimentos no es un hecho aislado, sino un reflejo del tipo de sociedad que elegimos construir. Podemos seguir cerrando los ojos ante la desigualdad y el daño ambiental, o transformar nuestras prácticas con empatía, responsabilidad y conciencia planetaria. La respuesta está en nuestras manos, en cada plato servido y en cada alimento rescatado.