CHILE DESTACA ENTRE LOS PAÍSES MÁS OBESOS DEL MUNDO
Por Rodrigo Gonzalez Bravo, Enfermero UPC adulto Hospital de Talca, Dirigente ASENF Talca
En el marco del Día Mundial de la Obesidad, es urgente volver a poner sobre la mesa un problema que crece en silencio: Chile se ubica entre los países con mayores índices de obesidad del mundo. Según datos recientes entregados en marzo de 2025, el 74% de la población nacional presenta sobrepeso u obesidad, y el 42% vive con obesidad. Estos números no solo afectan la salud individual, sino que repercuten profundamente en la economía, proyectándose una baja en el Producto Interno Bruto (PIB) de hasta un 3,8% entre 2020 y 2050, debido a la disminución de la productividad, el ausentismo laboral y los mayores costos en salud.
La pregunta es: ¿cómo frenamos el avance silencioso y acelerado de esta enfermedad que está lejos de retroceder? El panorama no es alentador. Desde 2023, las modificaciones a la Ley 21.420 obligan a empresas prestadoras de servicios –como los gimnasios– a pagar IVA, encareciendo el acceso al ejercicio físico en un país donde el sedentarismo ya es la norma. Este tipo de medidas, en lugar de fomentar hábitos saludables, alejan aún más a la población de espacios que podrían ser claves para prevenir la obesidad.

En materia alimentaria, Chile continúa siendo una potencia exportadora de alimentos de alta calidad. Sin embargo, seguimos sin garantizar el acceso interno a esa misma calidad nutricional. Es momento de pensar en políticas que, por ejemplo, establezcan una cuota de alimentos exportables para el consumo nacional a precios accesibles, eventualmente exentos de impuestos. Además, debemos fomentar la alimentación consciente en los espacios laborales, incluyendo pausas sin pantallas ni distracciones, que permitan una relación más saludable con los alimentos.
El ecosistema también juega un rol central. La protección del medio ambiente impacta directamente en la disponibilidad de alimentos frescos y nutritivos. La salud ya no puede pensarse en compartimentos estancos, porque la vida sana incide directamente en la productividad, en la economía, en el entorno, y por supuesto, en la dignidad con que vivimos.
Chile necesita con urgencia políticas públicas reales y efectivas para enfrentar la obesidad, no sólo como un problema de salud, sino como una prioridad nacional con consecuencias sociales, económicas y humanas. Si aspiramos a un país más justo y sostenible, debemos enfrentar este desafío con la misma fuerza con que enfrentamos otras urgencias. El futuro de Chile también depende de cómo cuidamos nuestros cuerpos hoy.
