La gestión del cuidado no se subordina: es función científica propia de la enfermería
Siguiendo el debate legislativo, miro con consternación lo que está ocurriendo en el Congreso Nacional sobre la modificación del Código Sanitario, espacio donde el pasado 27 de enero se abrió una disputa que va mucho más allá de una simple actualización normativa. Está en juego la definición de qué es salud pública, quiénes la sostienen y desde qué paradigmas se organiza nuestro sistema sanitario.
Desde fines del año pasado y en estas primeras semanas de 2026, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputadas y Diputados inició la discusión particular del proyecto de ley que busca regular el ejercicio de las profesiones del área de la salud como parte del equipo de atención sanitaria. El Colegio de Enfermeras de Chile ha participado en este debate, buscando aportar una mirada técnica y ética centrada en las personas, así como resguardar la calidad de la atención y el ejercicio profesional.
Como FENASENF hemos estado pendientes en el seguimiento legislativo. Sin embargo, esa participación técnica, fruto de años de formación universitaria y de desarrollo científico disciplinar, se ve tensionada por propuestas legislativas que parecen homologar roles y funciones sin reconocer la especificidad epistemológica de la disciplina enfermera. La gestión del cuidado, establecida desde el artículo 113 del Código Sanitario, no es una etiqueta administrativa que se pueda “meter y sacar” como se haría con una categoría de inventario; es una función compleja construida sobre teorías de enfermería, metaparadigmas y método científico que responde a una lógica propia de cuidado humano integral.
Este punto es clave: la enfermería no es solo una técnica auxiliar dentro de un modelo biomédico patriarcal donde lo central sea la indicación médica. Es una disciplina científica con un cuerpo teórico propio, matricial a enfoques de salud pública que priorizan evidencia, continuidad de cuidados, con prevención, promoción de la salud y equidad. Esta visión no surge de una “práctica técnica” casual, sino de décadas de consolidación académica, investigación y contribuciones globales a la salud colectiva.
Hoy, mientras en el Congreso Nacional se debate una reforma del Código Sanitario que busca regular distintos roles profesionales, se perciben riesgos significativos que exceden a “sutilezas” como lo son; diluir la responsabilidad y la claridad disciplinar de la enfermera, al no respetar los conocimientos propios de su metaparadigma en la definición normativa de su campo de acción; reducción de la gestión del cuidado a funciones subordinadas o auxiliares, sin comprender que esta gestión es un eje estructurante de la atención sanitaria, con efectos directos en la salud pública, la prevención y la continuidad del cuidado; burocratización de ámbitos profesionales que solo deberían estar regulados por marcos éticos y científicos rigurosos, no por decisiones administrativas desacertadas que dejen definiciones disciplinares cruciales “en manos de parlamentarias”.
Todo esto ocurre en un contexto en que las y los trabajadores de enfermería representan la columna vertebral del sistema de salud, realizando alrededor del 70% de las actividades en salud, representando más del 60% de quienes trabajan directamente con personas, familias y comunidades, donde somos mayoritariamente mujeres, pero enfrentamos precarización, cargas de trabajo extremas y falta de reconocimiento social y legal.
Si el Congreso Nacional no logra incorporar en la ley un enfoque que reconozca la gestión del cuidado como ciencia exclusiva e indivisible de la enfermera, avanzaremos hacia una salud pública menos cohesionada y más jerarquizada, donde lo biomédico impone su dominio conceptual y reduce al cuidado a una función técnica subalterna. Este debate es una oportunidad histórica para despatriarcalizar las estructuras del sistema sanitario, reconocer epistemologías diversas dentro de la salud y situar a la enfermería no como “apoyo” del médico, sino como sociedad del cuidado con base científica, ética y estratégica para el país.
El llamado es claro: no basta con discutir roles y nombres en un Código Sanitario. Se trata de debatir qué entendemos por salud, quién la define y con qué saberes. Por ello hago un llamado a todas las enfermeras y enfermeros a estado de ALERTA MÁXIMA. Si dejamos que prevalezca una lógica tecnocrática y jerárquica, no solo debilitamos a la enfermería como disciplina, sino que empobrecemos nuestras posibilidades reales de avanzar hacia una salud pública integral, equitativa y sustentada en evidencia científica del cuidado.
Por Catherine Poblete Uribe – Enfermera de procuramiento HBLT-SSMS – Prosecretaria FENASENF – Vocera ENFFEM – Activista medioambiental
