LA NOBLE Y DIFÍCIL TAREA DE LOS CUIDADOS PALIATIVOS

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Enfermera Cuidados Paliativos:

“Las personas merecen morir con dignidad y las enfermeras debemos estar dispuestas a acompañar a esos pacientes”

La apacible vida de Karen Morales Véliz en Tocopilla, cambió radicalmente hace 19 años, cuando se casó con el periodista Cristian Ángel, y se radicaron, primero en Antofagasta, y luego en Copiapó (2004), ciudad en la que viven hasta hoy, junto a sus dos hijas: Paula (18) y Francisca (8).

Enfermera y Licenciada en Enfermería de la primera generación de la Universidad de Atacama, en la actualidad trabaja en el Centro de Diagnóstico y Tratamiento del Hospital Regional de Copiapó, lugar al que llegó hace 5 años, tras desempeñarse en el Hospital Regional San José del Carmen de Copiapó (HRC). “El 2013, cuando estaba trabajando en la Unidad de Cuidados Especiales (UCE), se dio algo muy interesante, ya que podría decirse que fui la primera enfermera del TRIAGE de Urgencia en el HRC, ya que antes esa labor la desarrollaba un técnico en enfermería”, recuerda.

Un año después se ganó el cargo de enfermera de la Hospitalización Domiciliaria, responsabilidad que la llevó a ser pionera en la creación de esa unidad, ejecutando su implementación. “Fue una experiencia muy importante para mí, porque pude trabajar en terreno y llegar a los rincones más increíbles de Copiapó. En ese cargo pude tener un primer acercamiento a la realidad de tantas personas que deben recurrir a los servicios médicos en condiciones de muy difícil acceso. De alguna manera, esto pavimentó el camino para que en el año 2016 se me encomendara hacerme cargo del Policlínico de Alivio del Dolor y Cuidados Paliativos del hospital, que es el cargo en el que me desempeño hoy”.

Su recorrido profesional, también ha ido acompañado de diversos perfeccionamientos, a través de los diplomados “Atención integral al dolor” y “El paciente oncológico: Necesidades y demandas de cuidados de Enfermería” (Universidad San Jorge, Madrid, España); “Manejo de la sintomatología en el paciente en los cuidados paliativos para Enfermería” (Universidad CEU, Valencia, España); y el Diplomado de “Salud Pública”, que cursa actualmente en la Universidad de los Andes (Chile).

 

¿En qué consiste específicamente tu trabajo?

La contención es fundamental En primer lugar, en acoger al paciente y a su familia. Son pacientes cursando un cáncer; llegan con pena, con dudas y mucha incertidumbre, por lo que es fundamental esa primera acogida para ellos. Luego les damos a conocer en qué consiste la Unidad de Cuidados Paliativos, cuál es el objetivo, y quienes componen el equipo multidisciplinario. Esos primeros pasos son muy importantes, porque es necesario guiarlos en cuanto a lo que posiblemente podría vivir un paciente con un diagnóstico de este tipo, ya que la gente piensa inmediatamente en la muerte. Es ahí donde como enfermera hay que tener la empatía frente a un diagnóstico que podría ser progresivo y terminal. En lo específico, se les educa sobre medicamentos, administración de medicamentos, manejo de la sintomatología, manejo del dolor, atención y contención emocional al paciente y su cuidador principal.

 

Uno se imagina que los cuidados paliativos remiten necesariamente a una enfermedad o problema de salud que no tiene solución ¿Es tan así?

Lamentablemente, en nuestro caso, es así. Nuestros pacientes llegan a cuidados paliativos porque los tratamientos ya no funcionaron o su enfermedad es progresiva. Algunos han estado varios años con nosotros, pero también hay otros a quienes alcanzamos a acompañarlos solo meses o semanas. Y el desenlace es inevitable, doloroso también, porque es imposible no empatizar ni sensibilizarse con su situación. Efectivamente, es un camino sin retorno. Algunas veces más largo, pero es en ese espacio donde debemos intentar acompañarlos para ayudarlos a transitar de la mejor manera posible.

 

¿Recuerdas algún episodio especial que te haya tocado vivir en tu trabajo y por qué?

Cuando llegué a la Unidad de Cuidados Paliativos mi primer paciente me dijo: “¿Sabe usted dónde se encuentra sentada?”. Lo quedé mirando con angustia, porque claramente en aquel entonces no dimensionaba en dónde me encontraba. Entonces agregó: “Porque usted sabe que el que cruza esta puerta se muere…”. Siempre recuerdo esas palabras y se mantienen tan vigentes pese al paso del tiempo. Con el tiempo he reflexionado y me doy cuenta que fueron tan verdaderas: cada paciente y su familia que llegan a nosotros, viven un proceso tan angustiante en lo físico y emocional, por lo que me siento con el deber de ayudarles a aliviar su dolor, los síntomas, y de ayudarlos a un morir sin sufrimiento.

 

¿Cómo has desarrollado tu trabajo en pandemia y cómo ésta lo ha afectado?

Nunca dejamos de atender. Una de las modalidades de atención fue vía telefónica y las recetas para los medicamentos se coordinaron con la Unidad de Farmacia, para que los medicamentos fueran entregados en sus domicilios. Claramente no es lo mismo, porque en nuestro trabajo es muy importante el contacto personal, el mirarnos, el entender los gestos, los silencios y las palabras. Sin embargo, debíamos cuidarlos a ellos, pacientes cuyo sistema se encuentra inmunocomprometido o en riesgo, y era preferible que se quedaran en casa para evitar exponerse a contagios en la locomoción colectiva, en las salas de espera y en el mismo hospital. Estos últimos meses hemos empezado a retomar esas atenciones presenciales en la medida que la situación epidemiológica ha ido mejorando.

¿Algún mensaje que quieras dar en lo general y a las nuevas generaciones de enfermeras/os?

Debemos entender que las personas merecen morir con dignidad y las enfermeras debemos estar dispuestas a acompañar a esos pacientes en esa última etapa de su vida, tratando que ojalá sea una muerte sin dolor y que esa agonía sea lo más tranquila posible. Porque tal como lo dice la Dra. Elisabeth Kübler-Ross, una de las mayores expertas mundiales en la muerte: “Ver la muerte pacífica de un ser humano nos recuerda a una estrella fugaz; una luz en un millón en un cielo vasto, que brilla por un breve instante solo para desaparecer por siempre en la noche interminable”. A las nuevas generaciones les diría que cuando se desempeñen como enfermera/os y trabajen en el Área de Cuidados Paliativos, tengan la empatía y la entrega para querer ayudar al paciente y su familia. Para eso deben desarrollar una formación en diferentes dimensiones como por ejemplo, adquirir habilidades clínicas, tener razonamiento, sensibilidad, tener ética profesional y reflexionar como cuidar a un paciente que está por fallecer. No sacamos nada con ser enfermeros o enfermeras expertas en la clínica y con amplios conocimientos científicos si es que olvidamos que nuestros pacientes son lo más importante, el foco de todo, y que las cosas siempre resultan mejor con amor.