Oncología en Chile: una alerta que tensiona una crisis estructural

Opinión

por Omar Solis, Director Nacional FENASENF

La situación oncológica en Chile no es una contingencia. Es la expresión más visible de un sistema que no ha crecido al ritmo de su principal causa de muerte.

La reciente alerta sanitaria lo confirma: para abordar a 33 mil pacientes, el propio Estado estima un costo de $156 mil millones adicionales, incluyendo compra de prestaciones, contratación de personal y extensión horaria, según consigna la edición de este miércoles 22 de abril de La Tercera, en base a antecedentes de los equipos técnicos del MINSAL. Es decir, el sistema requiere inyectar recursos extraordinarios solo para responder parcialmente a la demanda acumulada. (Enlazar lo subrayado al siguiente link https://www.latercera.com/nacional/noticia/156-mil-millones-extra-el-costo-de-atender-a-los-33-mil-pacientes-que-abarca-la-alerta-oncologica-de-kast/)

Este dato adquiere mayor relevancia en el actual contexto presupuestario. El ajuste fiscal instruido para el sector salud (que en su formulación original alcanza cerca de $517 mil millones) implica una reducción significativa de recursos en una red que ya opera al límite de su capacidad. Incluso en escenarios de rebaja del recorte, la magnitud del ajuste sigue siendo estructuralmente relevante.

La tensión es evidente: mientras se reconoce la necesidad de aumentar el gasto para enfrentar la crisis oncológica, se exige simultáneamente contener el financiamiento global del sistema. La alerta, en este sentido, no resuelve la crisis: la expone.

El recurso a prestadores privados puede descomprimir listas en el corto plazo, pero instala una dependencia que no fortalece la red pública ni mejora su resolutividad estructural. Lo mismo ocurre con la extensión de horarios o la sobrecarga de equipos: son medidas de contención, no de desarrollo.

A nivel clínico, esto se traduce en continuidad fragmentada del cuidado, presión sobre equipos ya ajustados y dificultades para garantizar oportunidad en diagnóstico y tratamiento. La ausencia de sistemas robustos de información (como un registro oncológico integrado) limita además la gestión efectiva de pacientes.

El punto es claro: no se trata solo de más recursos, sino de coherencia. No es coherente declarar una prioridad sanitaria mientras se reduce el financiamiento del sistema que debe sostenerla.

El cáncer no es una emergencia transitoria. Es una condición instalada en la carga de enfermedad del país. Y exige una respuesta que deje de operar en lógica de excepción y avance en fortalecimiento real de la red pública.