UN ENFERMERO ES EL RESPONSABLE DE DIRIGIR EL HOSPITAL PSIQUIÁTRICO EL PERAL
A Continuación un extracto de la entrevista al Director del Hospital El Peral,
publicada por El Diario La Tercera
Hernán Garcés comenzó su carrera trabajando en el pabellón 7 del Hospital Psiquiátrico El Peral, el mismo que hoy él dirige.
Gracias a la experiencia que ganó en El Peral, Garcés pasó por diferentes centros de salud, siempre ligado a la misma área. En esa ronda, en 1996 llegó al Hospital Barros Luco y participó de la creación del primer servicio de urgencia siquiátrica en una posta general, allí estuvo hasta 2012. Durante ese período tomó cursos, hizo diplomados y viajó a diferentes países para conocer otros centros y programas. Estaba en eso cuando lo llamaron a participar en la selección para ser director del Hospital Psiquiátrico El Peral a través de la Alta Dirección Pública. Eran cuatro los postulantes, todos los demás médicos y finalmente quedó él, el enfermero. ‘Yo soy de izquierda y me escogieron en el gobierno de Sebastián Piñera. Debe decir algo respecto al trabajo que he hecho en esta materia’, dice.
Hoy el Hospital Psiquiátrico El Peral recibe pacientes de manera ambulatoria en tres modalidades: corta, mediana y larga estadía. Pese a que todavía existen cerca de 40 personas que llevan más de diez años viviendo ahí, el modelo de intervención en salud mental ha cambiado mucho y hoy dejar a alguien internado por un plazo indefinido está definitivamente en retroceso.
¿De qué depende una estadía larga o corta?
El diagnóstico no es lo más relevante, sino que las características del cuadro. En un momento dado te puedes tratar una depresión ambulatoriamente, pero hay casos gravísimos en los que se necesita hospitalizar. Nosotros tenemos fármacos que en general en la red pública no están. Eso permite que nuestros siquiatras puedan trabajar con estos casos muy complejos y puedan estabilizarlos en un corto plazo. Ojalá la estadía acá sea entre seis meses y un año.
Ese plazo no es poco tiempo.
Conociendo este hospital, donde hay personas que llevan 25 años hospitalizadas, uno cae en cuenta de que un semestre en realidad no es nada. Puede sonar largo. Ahora, si a los tres meses la persona está en condiciones de volver a su casa, se van porque no es que nos queramos quedar con las personas. El ideal es que puedan volver a sus casas y reinsertarse.
¿Queda gente que pese a que pueda ser dada de alta se ha quedado ahí porque no tiene un lugar a dónde ir?
Tenemos alrededor de cien personas acá, muchas de ellas podrían estar en residencias protegidas, pero para eso necesitamos que existan esas residencias y no es así. Esa gente es de escasos recursos y hay quienes están de alta. Hay gente que son pensionados asistenciales y es gente pobre.
¿Hay algo que el nuevo Plan de Salud Mental 2017–2025 del Ministerio de Salud pueda hacer?
El plan tiene un gran capítulo respecto a la necesidad que hay de trabajar en ese sector. Es bueno como referencia. Ojalá que las personas que tienen problemas siquiátricos lleguen a los dispositivos para atenderse en forma absolutamente transitoria. Debiera ocurrir que fueran quedando pocas que requieran una internación para toda la vida. Cada vez menos. Además deberían ser capaces de ir absorbiendo desde muy chicos a la gente. (…) Pero vamos de a poco. Ahora hay que lograr que los niños también tengan conocimientos sobre lo importante que es cuidar la salud mental.
Son temas súper complejos porque romper las miradas prejuiciosas es muy difícil. Necesitamos apoyar a las personas con discapacidad mental. Mucha gente oculta incluso su depresión y en el trabajo no dice que está tomando pastillas para poder mejorarse o tratarse.
Da la impresión de que el sistema tampoco ayuda mucho a pensar de otra manera.
Por eso nosotros hacemos el ‘locos por la inclusión’ en El Peral. Es una actividad sociocultural donde abrimos el hospital, ponemos unos stands donde hay familiares, agrupaciones y usuarios, además de universidades. Se hacen foros. La salud mental debería ser parte de la salud general y de las políticas globales. Son temas que deberían tratarse en el colegio, los papás deberían hablar con sus hijos. ¿Por qué nos pasa lo que nos pasa con los femicidios o con la violencia intrafamiliar? Porque estos temas son tabú. No hay espacios para que la gente los discuta.
En junio del próximo año se debería definir su futuro como director del hospital. ¿Cuál cree que será su legado?
Transformar una institución que era manicomial, que era un asilo de personas, en un hospital más de verdad, con internaciones transitorias tratando de aportar otras formas de atención. El Peral ha superado el estigma de ser un manicomio y hoy somos un ejemplo de una mirada comunitaria del tratamiento. Lo logramos. Pobres, pero lo logramos.
¿Ayudará el Plan Nacional de Salud Mental?
Sólo si se avanza en una legislación. Chile es uno de los pocos países latinoamericanos que no tienen ley de salud mental. Todavía duerme en el Congreso. Acá lo único que lleva plata son las leyes. El plan, una de las grandes dificultades que tiene, es que es casi una orientación. Todavía dentro de un hospital uno puede tener siquiatras o funcionarios que no estén muy convencidos del modelo.
Y al margen de las políticas públicas, ¿qué podemos hacer como sociedad respecto a la salud mental?
Romper el estigma y el miedo que se les tiene a los pacientes con enfermedades. Aún tenemos que avanzar en mostrar que el paciente siquiátrico tiene los mismos derechos que cualquier otro.
Todos los estudios demuestran que mientras antes integras a pacientes siquiátricos para que participen socialmente, ellos más rápido se recuperan y rehabilitan”.
